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Está en la boca de todos los espectadores de Netflix y del género de terror. Muchos la califican de “serie del año” y algunas noticias hasta hablan de los desmayos y pesadillas que está produciendo ¿Es The Haunting of Hill House tan impactante como promete la crítica y la publicidad que la rodea?

Aceptando la propuesta colaborativa de mi socio blogger Fran Rodríguez Community Manager voy a atreverme a analizar en El Exorcista Digital como invitado esta serie tan publicitada. Para ello haré una comparación también con sus obras gemelas algo más olvidadas. Espero que os guste el viaje y si os quedáis con más ganas de cine o de literatura os recomiendo mi web pedroplasenciacine.wordpress.com ¡Vamos al lío!

La casa de Shirley

Para empezar a entender y a valorar correctamente esta serie de capítulos embrujados conviene repasar sus anteriores versiones así como su origen, el exitoso libro de Shirley Jackson publicado en 1959 y editado a día de hoy por la prestigiosa casa de Valdemar. En la novela, los lectores de la época fueron testigos de un interesante cambio al género de las casas encantadas y de los fantasmas góticos. En esta ocasión el relato abordaba lo sobrenatural como un experimento y a través de tres personas muy distintas, con escéptico incluido. Esta premisa cautivó a varios directores de cine a lo largo de las décadas dando como resultado a dos versiones cinematográficas y a ciertos homenajes en la terrorífica El Resplandor (1980).

La primera adaptación ha gozado siempre del respaldo de la crítica por su atmósfera, sus diálogos y por ser en definitiva una pionera en el horror de ultratumba. Me refiero, por supuesto, a la película La casa encantada (The Haunting) dirigida en 1963 por Robert Wise, un maestro que dio a luz a varios clásicos de la ciencia ficción y del terror. En esta cinta sin embargo, el autor aportaba una introspección algo inusual para los estándares de los personajes que poblaban obras audiovisuales similares. Así, en este caso se planteaba la explicación de la paranoia, los traumas y la locura como elemento focalizador de estos fantasmas, los cuales sí eran presentados a la vieja usanza, como fenómenos invisibles pero ruidosos y peligrosos.

El terror del mobiliario

Su remake, La Maldición o La guarida (The Haunting) de 1999, lamentablemente no consiguió ninguno de los méritos de su predecesora a pesar de contar con un buen cásting con actores muy solicitados en aquel momento, como el estoico Liam Neeson o la seductora Catherine Zeta Jones. Lo más destacable del film, por encima del elemento humano, es todo lo relacionado con la casa y con los efectos especiales que desencadenaba en cada uno de sus ataques espectrales.

Los escenarios de esta versión son una maravilla y hacen palidecer al resto de producciones, ya que gozan de un diseño majestuoso e imponente que no dejará indiferente a nadie. Solo al final de la cinta se recuperaba ligeramente la misma esencia de la obra de Jackson, las apariciones fantasmales como una reproducción de los traumas, los recuerdos reprimidos y las enfermedades mentales, es decir, puro terror psicológico. El experimento sin embargo, resultó bastante fallido con la resurrección de esta Hill House.

El legado maldito, la enfermedad familiar

Llegamos por fin al motivo principal del post y al último fenómeno de masas, la serie televisiva creada por Mike Flanagan. Debido a las exigencias del formato y a su duración, la historia de The Haunting of Hill House (2018) se expande esta vez con muchos más personajes y vertientes, explorando las vivencias de una familia entera, acosada eso sí, por sus fantasmas y recuerdos particulares. La casa ya no es el núcleo principal aunque sigue siendo un personaje más, una entidad que aguarda al acecho de nuevas almas.

Aquí la trama está bastante modificada y se limita a respetar el patrón básico de terror, mantiene lo sobrenatural, mantiene los distintos puntos de vista sobre una experiencia común, pero se pierde por completo el aspecto científico del proceso, el reto de afrontar a un grupo de personas cobaya a sus miedos. Un añadido interesante es el recurso de los flashbacks que nos van suministrando pequeñas dosis de información para las futuras revelaciones. Contar con dos tramas temporales siempre puede dar mucho juego y más cuando los actores que interpretan a los niños lo hacen de manera profesional rivalizando con sus versiones adultas.

El único aspecto que me ha sacado por completo del tono siniestro o del suspense han sido las numerosas escenas centradas en el melodrama y en la vida privada de cada uno de los integrantes de la familia. Puede ser que mi corazón sea ya algo viejo y frío, pero si lo que intentaba la serie era que empatizara con todos los hermanos y hermanas de la familia Crain pues no lo ha conseguido y en ocasiones me ha parecido relleno más que otra cosa.

El nivel general de la propuesta, no obstante, está por encima de sagas como The Conjuring o de series más cercanas como American Horror Story, que más tarde o más temprano han caído en lo ridículo y lo comercial. The Haunting of Hill House sabe distanciarse de estos productos con un aire melancólico, triste y bastante deprimente unido por celos, rencores y fobias muy reales con las que más de uno podrá sentirse identificado. Aquí a diferencia del remake antes mencionado, el elemento humano lo eclipsa todo, esto tiene sus ventajas y desventajas dependiendo de lo que cada uno busque.

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